jueves, 20 de marzo de 2008
Grito....
A veces as saudades no son solamente por Lisboa, a veces es la nostalgia por alguien, quien nos lleva a escuchar fado.
Eco silencioso,
del sonido de mis pies solitarios,
en la tarima de madera.
Arde inconsciente,
el leño de castaño,
en la lumbre,
y siento frio.
Tras la ventana, noviembre amanece,
vistiendo de helados brillos,
las verdes hierbas del jardin.
Y tu no estas.
Campo de sangrantes amopolas.
Noche eterna.
Cafe frio, y cigarrillos humeantes,
sobre la mesa.
Amanece y te lloro.
Fue en agosto,
cuando los cimbreantes tallos,
de los trigos,
caen al suelo cercenados
por la hoz del segador.
Fue una noche, sin luna,
nos amamos en secreto,
el uno junto al otro,
unidas nuestras manos,
y nuestras bocas,
en una eterna promesa de amor.
Siempre juntos. Era verano.
Y tu no estas.
Pasamos un otoño,
soñando primaveras,
y casi sin notarlo,
lentamente, nuestras manos,
se soltaron,
y nuestras bocas,
se separon, iremediablemente,
para siempre.
Llego el invierno.
Y tu no estas.
lunes, 17 de marzo de 2008
domingo, 16 de marzo de 2008
He vuelto de Lisboa...

Me ha gustado el reencuentro. La Ciudad Blanca sigue tan hermosa como siempre, mas aun si cabe. He paseado, durante horas por Alfama. Es el Barrio de la Ciudad, que mas me gusta. Tal vez, he percibido desde el corazon, que aunque la ciudad no cambia, si que sus gentes estan cambiando. Es la sensación que he traido de este viaje. Lisboa sigue igual, pero no sus habitantes. No voy a explicar por que, he notado ese cambio. Son sensaciones interiores, dificiles de transmitir a un papel.

Aunque han sido 4 dias no he salido del contorno de Alfama, A Baixa, Chiado y Barrio Alto, ni siquiera me he acercado hasta Belem. Siempre descubro algo nuevo en esa Ciudad, y esta vez he podido vislumbrar una hermosa estampa del Rio Tajo y el puente 25 de Abril, desde las calles que circundan, la Plaza de Principe Real. Me ha llamado la atención no haberlo visto antes. Y es que uno no acaba nunca de descubrir todo lo que esta ciudad encierra. Ayyy!!! que cerca y que lejos estas de mi.
sábado, 1 de marzo de 2008
viernes, 29 de febrero de 2008
jueves, 28 de febrero de 2008
Julia Florista
Julia florista, bohemia y fadista, dice la tradición. Fue en esta Lisboa, figura de proa de nuestra canción. Figura bizarra, que al son de guitarra, el fado vivió. Vendía las flores, pero sus amores, jamás los vendió. Ay Julia florista, tu linda historia, el tiempo grabo, en nuestra memoria. Júlia florista, tu voz se recuerda, en las noches bairristas, bohemias, fadistas, de nuestra Lisboa. Chinela en el pie un aire de realeza, en el modo de andar. Si Júlia pasaba Lisboa paraba para escucharla bien cantar. En el aire un pregón. En la boca la canción. Hablando de amores. Llevando al pecho, con gracia, el cesto de las flores.
Alfama y yo.
Es un cuerpo la penumbra cuya niebla humedece
la dureza de gárgola de unas calles
que ascienden y están acaso muertas.
El tiempo detiene un dosel de ropa usada
y deja en el aire su celaje de musgo.
En las fachadas la blancura
se aviene a la desidia de un destino borrado.
Es verano y la ciudad, debajo tuyo, cobra
un azul de acuarela, rasgos que disipan
la bruma y los siglos.
No hay voluntad, sólo presencia
de cosas y gentes que de la vida
rescatan un devenir de inventario.
La tarde, como el mar,
escinde en dos orillas remotas
la quietud de un recuerdo de plazas vacías.
LISBOA
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Lisboa es un crisol de luces,
empedrados caminos de miradas y asombros.
Dicta Rossio el latido de la ciudad
caminando sus venas a Praça do Comercio.
Avenida da Liberdade suplica sosiego
a sus hijos, enardecidos cabalgadores del asfalto.
Lisboa es un fragmento de vida
desvestidos paisajes hambrientos de luz.
Se mezcla el jazz del café Nicola
con el alma, las risas y el ron.
La mira el Castillo San Jorge,
vigía y faro de sueños y besos.
Lisboa es un palpitar de tranvías,
una senda de metal y mar enloquecida.
No duerme, permanece insomne,
absorta en el quejido de su canto.
La enlutada voz que no deja dormir la noche
recorre sus aceras como un susurro cálido y triste.
Lisboa es un fado recostado en el Tajo
que besa un atlántico bravo y salado.
Cafe Nicola.
Frecuentado por Pessoa, en sus intercambios intelectuales con Mario de Sá-Carneiro, el actual café Nicola, situado al lado oeste de la plaza del Rossio, data de 1929, aunque el original era muy anterior. Uno de sus habituales más destacados fue el poeta satírico Manuel Maria Bocage (1765- 1805), que, en palabras de Cardoso Pires "entre rimas y panfletos, conspiraba contra la sociedad de policías y monjesespías que lo llevarían a prisión". Su estatua en bronce se encuentra junto a al entrada. Situado en la plaza del Rossios. Se pueden pasar horas en las mesas del interior, o en la terrza, viendo desfilar ante tus ojos la vida de Lisboa.
miércoles, 27 de febrero de 2008
Siempre que Lisboa canta.
Lisboa ciudad amiga, que eres mi cuna de embalar, me enseñas una cantiga de las que tú sabes cantar. Una cantiga sencilla, de aquellas de hechizar, para yo cantar a la ventana, cuando mi amor pasar. Siempre que Lisboa canta, No sé se canta. No sé se reza. Su voz con cariño, canta en voz baja, su tristeza. Siempre que Lisboa canta a la gente encanta, su belleza, pues cuando Lisboa canta, canta el fado con certeza. Yo quiero darte un castigo, por tanto haberte amado. Quiero que cantes conmigo los versos del mismo fado. Quiero que Lisboa guarde tantos fados que canté. Para cantarme más tarde los fados que le enseñé.
Sueños y olor de mar.
Vende sueños y olor de mar, / tempestades pregona. / Su nombre propio: María; / su apellido, Lisboa". Siempre decimos Lisboa. En singular. Como si sólo hubiera una. Como si el fado de Amália fuese cierto: "Seu nome proprio, María. Seu apelido, Lisboa". Y sí, desde luego, el fado es cierto. Como Lisboa no hay otra. Es única (como todas, de acuerdo, pero de otra manera). Porque también acertaba ese otro fado, el de Martinho da Vila: "Lisboa, menina y moça". Niña y muchacha, mujer de mi vida. Lisboa te enamora. Lisboa no hay más que una. Pues no. Lisboas hay varias.
Una de ellas es la Lisboa bien dispuesta, todavía pueblerina, barata y sonriente (hay niños, y juegan de noche en las calles), de los barrios castizos (Alfama, Mouraría, Graça, Bica...), esa Lisboa popular que el día de San Antonio se pone guapa, se echa a la calle, asa sardinas y come caracoles con sangría blanca. Es la vieja Lisboa de las vielas (callejones) inclinadas con río al fondo, de las tascas honestas de frango (pollo) y peixe a la grelha, de los elevadores de Gloria y Bica con su fantasía anti-Newton.
La terracita del mirador de Alfama es una delicia al atardecer, y junto a ella pasa el eléctrico (el tranvía) más bonito del mundo, el célebre 28, que sube y baja y sube otra vez su alegría amarilla desde Graça, más arriba aún de la mejor vista áerea de la ciudad, la del Castelo de São Jorge, hasta Prazeres; el muy recomendable (para visitar) cementerio, ya muy cerca de ese barrio tan pessoano, tan clase media, tan rutinario y tan poco conocido que es Campo de Ourique: allí está la Casa de Pessoa.
Esa es, en parte, la Lisboa rompepiernas, pero a la vez espléndida de belleza de las siete colinas (São Vicente, Santo André, Castelo, Santa Ana, São Roque, Chagas y Santa Catarina). Como Roma: siete, pero sin fanfarronear tanto.
Esa sufrida vida diagonal, empinada y a cámara lenta, hecha de cuestas inhumanas y ancianos muy bien entrenados en escaleras tan duras de subir como bonitas de ver, todo sobre un empedrado del diablo, paradójico, que prohíbe los tacones altos pero arregla los muslos blandos y los culos baixinhos, esa es quizá una de las grandes marcas de Lisboa.
Pero hay una Lisboa muy distinta, rápida y llana, ocupada y comercial aunque depauperadilla: la de la Baixa, el barrio pombalino que restauró aquel moderno y liberal y algo despótico marqués posterremoto. Sus calles cuadriculadas (casi las únicas de una ciudad retorcida a conciencia) se unen a través de la Lisboa céntrica más africana (el toque cosmopolita del poscolonialismo) que forman Plaza Figueira y el Rocío, con la Lisboa abierta, ancha, bolsista y también llana pero mucho más cara, y más blanca y pretenciosa, de la Avenida da Liberdade, que desde el inevitable barullo de Restauradores (paren y tómense una ginja, bebida de cereza, mientras contemplan el teatro Dona María y la antigua estación del Rocío) sube (20 minutos a pie) hasta la plaza que preside el propio marqués de Pombal, con su león.
Desde lo alto se vislumbra en la lejania, mas alla de Pombal y la gran Avenida da Liberdade, la Lisboa ventosa que mira al río, la Lisboa ribeirinha y cacilheira (de ahí salen los barcos a Cacilhas, toda la vida en obras y oliendo a sal. Es la Lisboa napolitana y golferas del muy activo Cais do Sodré (metro, barcos, trenes, incluso un after hours que echa humo el domingo a mediodía); de la plaza del Comercio y en ella el famoso Martinho da Arcada, donde parece que Pessoa comía -aunque comía muy poco, el pobre.
Como dice el famoso fado Maria Lisboa...vende sueños y olor a mar.......
Una de ellas es la Lisboa bien dispuesta, todavía pueblerina, barata y sonriente (hay niños, y juegan de noche en las calles), de los barrios castizos (Alfama, Mouraría, Graça, Bica...), esa Lisboa popular que el día de San Antonio se pone guapa, se echa a la calle, asa sardinas y come caracoles con sangría blanca. Es la vieja Lisboa de las vielas (callejones) inclinadas con río al fondo, de las tascas honestas de frango (pollo) y peixe a la grelha, de los elevadores de Gloria y Bica con su fantasía anti-Newton.
La terracita del mirador de Alfama es una delicia al atardecer, y junto a ella pasa el eléctrico (el tranvía) más bonito del mundo, el célebre 28, que sube y baja y sube otra vez su alegría amarilla desde Graça, más arriba aún de la mejor vista áerea de la ciudad, la del Castelo de São Jorge, hasta Prazeres; el muy recomendable (para visitar) cementerio, ya muy cerca de ese barrio tan pessoano, tan clase media, tan rutinario y tan poco conocido que es Campo de Ourique: allí está la Casa de Pessoa.
Esa es, en parte, la Lisboa rompepiernas, pero a la vez espléndida de belleza de las siete colinas (São Vicente, Santo André, Castelo, Santa Ana, São Roque, Chagas y Santa Catarina). Como Roma: siete, pero sin fanfarronear tanto.
Esa sufrida vida diagonal, empinada y a cámara lenta, hecha de cuestas inhumanas y ancianos muy bien entrenados en escaleras tan duras de subir como bonitas de ver, todo sobre un empedrado del diablo, paradójico, que prohíbe los tacones altos pero arregla los muslos blandos y los culos baixinhos, esa es quizá una de las grandes marcas de Lisboa.
Pero hay una Lisboa muy distinta, rápida y llana, ocupada y comercial aunque depauperadilla: la de la Baixa, el barrio pombalino que restauró aquel moderno y liberal y algo despótico marqués posterremoto. Sus calles cuadriculadas (casi las únicas de una ciudad retorcida a conciencia) se unen a través de la Lisboa céntrica más africana (el toque cosmopolita del poscolonialismo) que forman Plaza Figueira y el Rocío, con la Lisboa abierta, ancha, bolsista y también llana pero mucho más cara, y más blanca y pretenciosa, de la Avenida da Liberdade, que desde el inevitable barullo de Restauradores (paren y tómense una ginja, bebida de cereza, mientras contemplan el teatro Dona María y la antigua estación del Rocío) sube (20 minutos a pie) hasta la plaza que preside el propio marqués de Pombal, con su león.
Desde lo alto se vislumbra en la lejania, mas alla de Pombal y la gran Avenida da Liberdade, la Lisboa ventosa que mira al río, la Lisboa ribeirinha y cacilheira (de ahí salen los barcos a Cacilhas, toda la vida en obras y oliendo a sal. Es la Lisboa napolitana y golferas del muy activo Cais do Sodré (metro, barcos, trenes, incluso un after hours que echa humo el domingo a mediodía); de la plaza del Comercio y en ella el famoso Martinho da Arcada, donde parece que Pessoa comía -aunque comía muy poco, el pobre.
Como dice el famoso fado Maria Lisboa...vende sueños y olor a mar.......
Argentina Santos.
La vi en su casa de La Prarreirinha de Alfama. Reina en su local, con toda la grandeza de su voz y su gran personalidad. Para muchos la mejor casa de fado de la ciudad. La fadista Argentina Santos cuenta con una relevante historia en el escenario, compartiendo su fado auténtico y sentido con el de grandes como Berta Cardoso, Lucília do Carmo, Alfredo Marceneiro, Maria da Fé, Fernanda Maria y otros.
Considerada por los especialistas como una intérprete fundamental, Argentina es fiel a la tradición y otorga una grata autenticidad a sus piezas, como descubrimos en As duas santas y Juras, fados con los que aún hoy sigue conmoviendo. Después de haberse apartado durante un tiempo de la escena musical, siguió pisando fuerte y nunca perdió el puesto ganado como una de las más representativas fadistas.
Considerada por los especialistas como una intérprete fundamental, Argentina es fiel a la tradición y otorga una grata autenticidad a sus piezas, como descubrimos en As duas santas y Juras, fados con los que aún hoy sigue conmoviendo. Después de haberse apartado durante un tiempo de la escena musical, siguió pisando fuerte y nunca perdió el puesto ganado como una de las más representativas fadistas.
martes, 26 de febrero de 2008
Casa de Fados.
Desconchada y decadente. Ajena a la pulcritud y abierta al mestizaje. Tan cerca y tan ajena. Ciudad de contrastes, de blanco y de negro, puerto histórico de barcos cargados con especias, esclavos y música que más tarde evolucionarían hacia una «saudade» nostálgica que llora por todo aquello que no podrá ser más que recuerdo o canción. Música que lame las heridas de las grietas abiertas por el terremoto de 1755 y el gran incendio del 88, que golpearon Lisboa por algún sino de fatalidad.
Tras del cruel terremoto, el centro de la ciudad adoptó la cuadrícula neoclásica que le impuso Pombal, toda una lección austera e impresionante, del urbanismo del siglo XVIII. Después de ordenar «enterrar a los muertos, dar de comer a los vivos y cerrar los puertos», el ministro del rey se hizo célebre por haber restablecido el orden con la completa reconstrucción de la ciudad, siempre dispuesta a resucitar de sus cenizas.
El origen del fado es muy discutido, algunos autores especulan sobre sus raíces árabes, otros enfatizan su conexión con músicas porteñas, y hay quienes lo relacionan con África y Brasil, pero lo único exacto es que el término proviene del latín «fatum», el inexpugnable destino.
Las letras evocan escenas de pasión, de soledad, de celos, de dolor o nostalgia y se desenvuelven como género urbano muy cerca del blues, pero con su propio ritual de contemplación: en la «adega» (bodega) se hace un silencio, la fadista aparece con vestido negro y chal para enfatizar la solemnidad; ella tiene la mirada baja y espera los primeros acordes de la guitarra para arrancar los agudos a una historia de pérdidas.
En Lisboa el viajero puede acudir a escuchar el fado en directo en alguna de las más de treinta «adegas» o Casas de Fado que salpican el Barrio Alto y la Alfama. Estos lugares no se diferencian más que en el nombre, ya que ambos tipos son pequeños, sirven comidas, tienen espectáculo y permanecen abiertos hasta las tres o las cuatro de la madrugada.
Entre callejuelas intrincadas, donde el tranvía se encarama por cuestas imposibles atravesando la Rua da Rosa, el viajero encuentra la adega O Forcado, precedida por una enorme vidriera que evoca los amores tristes de esta ciudad, que debe su nombre al héroe Ulises (quien la bautizó como «Olissipo» o «Ulissipo») o, al menos, eso cuenta la historia no oficial, que es leyenda. En el 107 de la Rua do Diario de Noticias encontrará la Adega Mesquita, la más antigua Casa de Fado de la ciudad. Aquí podrá degustar el típico bacalao o la sopa verde (con base de patata y col), y un buen chorizo asado acompañado por una broa de maíz. Le cuentan que allí se escucha el fado noche adentro y, viendo una cabeza de toro en la chimenea, el viajero percibe cómo están unidos estos dos aspectos del alma portuguesa. Entre paredes donde se leen estrofas de poemas pintadas en los azulejos aparece la fadista María de Fátima, una de las cantantes fijas del local.
Tras del cruel terremoto, el centro de la ciudad adoptó la cuadrícula neoclásica que le impuso Pombal, toda una lección austera e impresionante, del urbanismo del siglo XVIII. Después de ordenar «enterrar a los muertos, dar de comer a los vivos y cerrar los puertos», el ministro del rey se hizo célebre por haber restablecido el orden con la completa reconstrucción de la ciudad, siempre dispuesta a resucitar de sus cenizas.
El origen del fado es muy discutido, algunos autores especulan sobre sus raíces árabes, otros enfatizan su conexión con músicas porteñas, y hay quienes lo relacionan con África y Brasil, pero lo único exacto es que el término proviene del latín «fatum», el inexpugnable destino.
Las letras evocan escenas de pasión, de soledad, de celos, de dolor o nostalgia y se desenvuelven como género urbano muy cerca del blues, pero con su propio ritual de contemplación: en la «adega» (bodega) se hace un silencio, la fadista aparece con vestido negro y chal para enfatizar la solemnidad; ella tiene la mirada baja y espera los primeros acordes de la guitarra para arrancar los agudos a una historia de pérdidas.
En Lisboa el viajero puede acudir a escuchar el fado en directo en alguna de las más de treinta «adegas» o Casas de Fado que salpican el Barrio Alto y la Alfama. Estos lugares no se diferencian más que en el nombre, ya que ambos tipos son pequeños, sirven comidas, tienen espectáculo y permanecen abiertos hasta las tres o las cuatro de la madrugada.
Entre callejuelas intrincadas, donde el tranvía se encarama por cuestas imposibles atravesando la Rua da Rosa, el viajero encuentra la adega O Forcado, precedida por una enorme vidriera que evoca los amores tristes de esta ciudad, que debe su nombre al héroe Ulises (quien la bautizó como «Olissipo» o «Ulissipo») o, al menos, eso cuenta la historia no oficial, que es leyenda. En el 107 de la Rua do Diario de Noticias encontrará la Adega Mesquita, la más antigua Casa de Fado de la ciudad. Aquí podrá degustar el típico bacalao o la sopa verde (con base de patata y col), y un buen chorizo asado acompañado por una broa de maíz. Le cuentan que allí se escucha el fado noche adentro y, viendo una cabeza de toro en la chimenea, el viajero percibe cómo están unidos estos dos aspectos del alma portuguesa. Entre paredes donde se leen estrofas de poemas pintadas en los azulejos aparece la fadista María de Fátima, una de las cantantes fijas del local.
lunes, 25 de febrero de 2008
Janelas ( ventanas ) de Lisboa.
Lisboa casta princesa,que el manto de la realeza, abres con pudor, en el casto beso. Lisboa tan linda eres que tienes, rastro a los pies, la magestad, del Tejo.Lisboa de los descubrimientos, de tantas tierras desiertas, que dieron honor, en su pasado.De Lisboa tienes la corona.Vieja Lisboa de la Madragoa.Cuántos héroes has creado.Siete colinas, tiene tu piel de centinela, donde las casas son bonitas esparcidas en jardín. Y en tu seno, correcto dice que fue generado, y cantado por el pueblo soñador, nuestro fado.
Rossio.
Rossio, también conocida por Plaza Dom Pedro IV, es una plaza grande, próxima a una de las estaciones principales de la ciudad de Lisboa, y a la zona comercial del Chiado y la Baixa.
La plaza Rossio constituye el centro natural de Lisboa. Se trazó en el siglo XIII, aunque su configuración actual se debe, en gran parte, al marqués de Pombal y a una remodelación que sufrió en el siglo XIX.
Entre 1534 y 1820, el palacio del Inquisidor se alzaba en el flanco norte, y en el siglo XVI, las víctimas de la Inquisición, herejes convictos, eran quemados en la plaza. Las sentencias de la Inquisición eran firmadas en San Domingos, un templo en el lado este, cerrado desde un incendio en la década de 1950.
La plaza Rossio constituye el centro natural de Lisboa. Se trazó en el siglo XIII, aunque su configuración actual se debe, en gran parte, al marqués de Pombal y a una remodelación que sufrió en el siglo XIX.
Entre 1534 y 1820, el palacio del Inquisidor se alzaba en el flanco norte, y en el siglo XVI, las víctimas de la Inquisición, herejes convictos, eran quemados en la plaza. Las sentencias de la Inquisición eran firmadas en San Domingos, un templo en el lado este, cerrado desde un incendio en la década de 1950.
Puente 25 de Abril

Mandado construir por Salazar en 1960, comenzó a designarse Puente 25 de Abril tras la Revolución del 25 de abril de 1974, que restauró la democracia en Portugal.
De aspecto imponente, la construcción de acero se extiende casi 2 km. La parte inferior fue recientemente renovada para albergar vías de tren. Los atascos frecuentes del puente se solucionaron parcialmente con la construcción del Puente Vasco da Gama, de 11 km, que atraviesa el río de Montijo a Sacavém, al norte del Parque das Nações y que fue terminado en 1998.
En el puente sobre el río Tajo puede oírse constantemente este sonido (59 s) que corresponde al desplazamiento de los coches sobre unas rejillas metálicas a lo largo del puente(Se aconseja a no ir a mucha velocidad por ese puente ya que el enrejado que tiene el puente hace que el coche no sea lo suficientemente seguro o estable a partir de 70km/h).
As Ginjinhas.

En un costado de la Plaza de Santo Domingo en el centro de Lisboa, existe un establecimiento que es díficil pasar por alto cuando se visita la ciudad, A Ginjinha es una especie de taberna de paso, donde se puede consumir el licor que precisamente da nombre al lugar.
Hace más de un siglo Francisco Espinheira mezcló la Ginja, que es una fruta similar a las cerezas, agregó agua, alcohol y azúcar y lo dejó fermentar para dar origen a esta bebida que se ha vuelto representativa de la ciudad.
Cientos de estudiantes, trabajadores y turistas se detienen un momento aquí y por menos de dos euros degustan un par de onzas del licor en un pequeño vaso de vidrio, antes de seguir su camino y continuar con sus labores diarias.
La bebida es almacenada en una gran pila de mármol, donde se sigue fermentando la mezcla de frutas y alcohol, de vez en cuando se abre manualmente una llave al centro de la misma y se llenan pequeñas garrafas de vidrio en cuyo fondo se procura siempre guardar algunas ginjas que ayuden a mantener el sabor, se debe tener cuidado al probarla, ya que si no estás acostumbrado a los licores dulces, podrías tomarlo de un sólo trago o masticar los frutos y experimentar el calor en el cuerpo que produce el 23 por ciento de alcohol que contiene en promedio cada litro de ginjinha.
Cada consumidor decide, tomar un par de tragos aquí mismo, llevar una botella de medio litro o bien un litro completo para compartir con los amigos en los lugares de origen.
La Ginjinha tiene un aroma que esconde su identidad de licor, al tomarlo podrás comprobar que comienza con el sabor de la fruta, le sigue un ligero dejo de alcohol y te deja en la boca una sensación dulce.
Ouve Lisboa
En el British Bar los relojes giran al contrario
y Lisboa entera se sumerge como un nadador
que se aventurara de noche contra la corriente.
En el British Bar un exceso de alcohol y de tristeza
(ese clima mustio que aquí todo lo esponja o amortaja)
rebobina la sangre en las venas y al final, algo mareado,
pides la cuenta como quien pone cercas a la sed.
Y ves al camarero acudir y encallar en sus saudades
porque no le cuadran los números de la fatalidad:
el tiempo se le enreda sin remedio entre los dedos.
Y sales, salgo del British Bar como de una magia
y me hallo de repente en una calle desconocida
con cincuenta, cien años menos y el mundo cambiado
lo mismo que cambian los ojos de quien ve pasar un río.
Los tranvías retroceden a un pasado lento de calesas,
los plataneros menguan hasta ser semillas o sílabas de luz,
la lluvia se levanta de los charcos para caer hacia arriba
y los besos vuelven a sus bocas, y los poemas al silencio,
como al principio del mundo antes de ser mundo.
Y vuelvo sobre mis pasos hasta el barrio de Alfama
con las ropas holgadas como adjetivos excesivos.
Por el camino corro y pierdo los zapatos, me tropiezo.
Entro en la casa recóndita y al fondo del tiempo,
sobre los azulejos arruinados de otra época
están los relojes ardiendo, el humo volviendo sobre la llama
y mi madre destejiendo los puntos de nuestras vidas
para decirme en un portugués desdentado de 1755:
“Ágarrate, hijo mío, a las asas de la mañana:
ahora vamos a entrar en el terremoto”.
Del libro "Fundido en negro" de Jesús Jiménez Domínguez.
domingo, 24 de febrero de 2008
Madragoa.
Madragoa es un barrio popular de Lisboa, junto a la desembocadura del Tajo, cuyo nombre deriva del convento de las Madres de Goa que existía en el pasado.
La leyenda cuenta que el barrio nació de los millones de granos de arena que las gaviotas transportaron hasta allí. El origen del nombre se pierde en el tiempo. Hay quien dice que el nombre proviene del apellido de una hidalga madeirense apellidada Mandragam y otros que proviene de Madre de Goa. Antes del Terremoto, en el siglo XVII, el barrio tenía el nombre de Moçambo y no era más que una pequeña población habitada por personas de origen africano.
En el pasado, parte del barrio fue un conglomerado de conventos y palacios donde vivían diversas congregaciones religiosas. Los trabajadores fueron sin embargo, quienes dieron vida al barrio. Entre los siglos XVIII y XIX la población sufrió grandes alteraciones. En aquel tiempo mucha gente se trasladó a Lisboa.
De entre las obras arquitectónicas del barrio, destaca el Palacio de los Duques de Aveiro, la casa de los Marqueses de Abrantes y la Embajada de Francia.
Igreja da Madragoa.
La leyenda cuenta que el barrio nació de los millones de granos de arena que las gaviotas transportaron hasta allí. El origen del nombre se pierde en el tiempo. Hay quien dice que el nombre proviene del apellido de una hidalga madeirense apellidada Mandragam y otros que proviene de Madre de Goa. Antes del Terremoto, en el siglo XVII, el barrio tenía el nombre de Moçambo y no era más que una pequeña población habitada por personas de origen africano.
En el pasado, parte del barrio fue un conglomerado de conventos y palacios donde vivían diversas congregaciones religiosas. Los trabajadores fueron sin embargo, quienes dieron vida al barrio. Entre los siglos XVIII y XIX la población sufrió grandes alteraciones. En aquel tiempo mucha gente se trasladó a Lisboa.
De entre las obras arquitectónicas del barrio, destaca el Palacio de los Duques de Aveiro, la casa de los Marqueses de Abrantes y la Embajada de Francia.
Igreja da Madragoa.
Amalia
Amália Rodrigues, cuyo nombre completo era Amália da Piedade Rebordão Rodrigues (Lisboa, 23 de julio de 1920 (según la partida de nacimiento) – Lisboa, 6 de octubre 1999) fue la más importante de las cantantes de fado de Portugal del siglo XX. Es conocida como "La Reina del Fado" siendo la figura más conocida e influyente fuera de las fronteras de Portugal a través de sus múltiples actuaciones internacionales, incluyendo TV y películas.
Si bien ella siempre afirmó que había nacido el 1 de julio, se ha fijado su nacimiento oficialmente el 23 del mismo mes en el seno de una familia humilde con diez hijos que residía en el barrio lisboeta de Beira Baixa. Ya desde niña era conocida en su entorno por sus aptitudes para la canción. Después de unos años en diferentes trabajos, debutó en el año 1939 en el Retiro da Severa, un local muy conocido por los amantes de la música popular. Un año después contrajo matrimonio con el guitarrista Francisco da Cruz. Su primera actuación fuera de Portugal fue en Madrid, en el año 1943, cuando conoció, entre otras personalidades de la época, a Imperio Argentina -junto a la que llegó a actuar en algunas ocasiones- y a Manolete. Sus primeras grabaciones -de un total estimado de 170- datan de 1945 y fueron realizadas en Brasil. Recibió reconocimiento internacional a partir de ese momento y llegó a actuar en escenarios de renombre en Nueva York, París y Moscú.
Tras la caída de la dictadura de Oliveira Salazar, hubo quien acusó a la artista de haber colaborado con el régimen, en concreto con la policía secreta. En 1990 se retiró y, a partir de ese momento se dedicó a escribir poemas y sólo realizó contadas actuaciones hasta la fecha de su muerte, en 1999. Entonces se supo que había colaborado económicamente con el Partido Comunista Portugués durante la clandestinidad.
Amalía Rodrigues falleció el 6 de octubre de 1999 en su casa lisboeta.
Si bien ella siempre afirmó que había nacido el 1 de julio, se ha fijado su nacimiento oficialmente el 23 del mismo mes en el seno de una familia humilde con diez hijos que residía en el barrio lisboeta de Beira Baixa. Ya desde niña era conocida en su entorno por sus aptitudes para la canción. Después de unos años en diferentes trabajos, debutó en el año 1939 en el Retiro da Severa, un local muy conocido por los amantes de la música popular. Un año después contrajo matrimonio con el guitarrista Francisco da Cruz. Su primera actuación fuera de Portugal fue en Madrid, en el año 1943, cuando conoció, entre otras personalidades de la época, a Imperio Argentina -junto a la que llegó a actuar en algunas ocasiones- y a Manolete. Sus primeras grabaciones -de un total estimado de 170- datan de 1945 y fueron realizadas en Brasil. Recibió reconocimiento internacional a partir de ese momento y llegó a actuar en escenarios de renombre en Nueva York, París y Moscú.
Tras la caída de la dictadura de Oliveira Salazar, hubo quien acusó a la artista de haber colaborado con el régimen, en concreto con la policía secreta. En 1990 se retiró y, a partir de ese momento se dedicó a escribir poemas y sólo realizó contadas actuaciones hasta la fecha de su muerte, en 1999. Entonces se supo que había colaborado económicamente con el Partido Comunista Portugués durante la clandestinidad.
Amalía Rodrigues falleció el 6 de octubre de 1999 en su casa lisboeta.
Las novias.
El carácter casamentero de San Antonio hace que muchas personas busquen su refugio para solucionar los problemas del matrimonio o para encontrar marido o esposa. Para echarle una mano al fraile, el Ayuntamiento organiza Las Novias de San Antonio. Es una boda, en la que hoy se casan 16 ó 17 parejas a la vez, en la Iglesia de San Antonio. Los novios tienen todos los gastos pagados trajes, alianzas, fiesta y luna de miel y reciben regalos de las empresas patrocinadoras. Es una tradición antoniana que estuvo olvidada muchos años y se retomó en 1997.
San Antonio nació en Lisboa, no se sabe si en 1192 ó 1193, en la misma casa donde hoy está su iglesia y le bautizaron Fernando. Se hizo fraile a los 15 años y fue ordenado sacerdote a los 20, estando ya en Santa Cruz. Según la leyenda, el primer milagro lo hizo mientras estudiaba en el colegio de la Seo: para alejar al diablo que le atormentaba esculpió una cruz en la pared de la catedral.
Su capacidad más popular es unir a las parejas, pero también es milagrero, librador de tentaciones y restituidor de objetos perdidos. Todo se reza en su responso: «Si buscas milagros, mira: / Muerte y error desterrados, / Miseria y demonio huidos, / Leprosos y enfermos sanos. / El mar sosiega su ira, / Redímense encarcelados, / Miembros y bienes perdidos / Recobran mozos y ancianos».
El segundo milagro lo hizo al librar a su padre de la horca. Pero el más famoso es el Sermón a los Peces. La leyenda dice que estaba pregonando a los herejes en Rímini (Italia) y éstos no quisieron oírle y le dieron la espalda. San Antonio, sin perder la esperanza, se acercó a la orilla donde el río encuentra al mar y clamó a los peces que le escucharan. Se dio el milagro: multitud de peces nadaron hacia él y sacaron la cabeza del agua en actitud comprensiva.
Aunque son sólo dos ejemplos, su taumaturgia hace que en algunos libros, como en «Florecillas de San Antonio», se cuente un milagro para cada día del año.
Alfama Festa de Santo António em Lisboa
San Antonio nació en Lisboa, no se sabe si en 1192 ó 1193, en la misma casa donde hoy está su iglesia y le bautizaron Fernando. Se hizo fraile a los 15 años y fue ordenado sacerdote a los 20, estando ya en Santa Cruz. Según la leyenda, el primer milagro lo hizo mientras estudiaba en el colegio de la Seo: para alejar al diablo que le atormentaba esculpió una cruz en la pared de la catedral.
Su capacidad más popular es unir a las parejas, pero también es milagrero, librador de tentaciones y restituidor de objetos perdidos. Todo se reza en su responso: «Si buscas milagros, mira: / Muerte y error desterrados, / Miseria y demonio huidos, / Leprosos y enfermos sanos. / El mar sosiega su ira, / Redímense encarcelados, / Miembros y bienes perdidos / Recobran mozos y ancianos».
El segundo milagro lo hizo al librar a su padre de la horca. Pero el más famoso es el Sermón a los Peces. La leyenda dice que estaba pregonando a los herejes en Rímini (Italia) y éstos no quisieron oírle y le dieron la espalda. San Antonio, sin perder la esperanza, se acercó a la orilla donde el río encuentra al mar y clamó a los peces que le escucharan. Se dio el milagro: multitud de peces nadaron hacia él y sacaron la cabeza del agua en actitud comprensiva.
Aunque son sólo dos ejemplos, su taumaturgia hace que en algunos libros, como en «Florecillas de San Antonio», se cuente un milagro para cada día del año.
Alfama Festa de Santo António em Lisboa
Bairro Alto.

El Barrio Alto en portugués Bairro Alto, otrora conocido como Vila Nova dos Andrades, es un barrio que queda elevado con respecto a la Baixa Pombalina de Lisboa, y frente al Barrio de la Alfama. Constuido mas o menos en plano octogonal al final del siglo XVI, es uno de los barrios mas pintorescos de la ciudad.
Antiguamente se podía acceder a este barrio desde el de la Baixa Pombalina en elevadores, de entre los cuales el más famoso es el elevador de Santa Justa.
Desde los años 80 es una de las zonas mas conocidas de las noches lisboetas, con inumerables bares, restaurantes e incluso casas de fado, lugar donde se sitúaban casi todos los órganos de prensa de distribucion portuguesa. En los últimos 20 años adquirió una vida propia y caractéristica, donse se mezclan diferentes generaciones en búsqueda de diversión.
TUNA ACADÉMICA DE LISBOA - MARCHA DO BAIRRO ALTO
sábado, 23 de febrero de 2008
Duas lagrimas de orvalho.
Dos lágrimas de rocío, se cayeron en mis manos, cuando yo te halagué el rostro. Pobre de mí, poco valgo, para socorrerte en la desgracia, para valerte en el disgusto. Por qué lloras, no me dices, no es presciso decirlo , yo advino, los amantes infelices, deeberían tener coraje, para cambiar de camino. Por amor damos el alma, damos cuerpo, damos todo, hasta que caemos en la jornada. Pero cuando la vida se acaba, lo que era amor, es añoranza y la vida ya no es nada. Si estás a tiempo, recula. Amordaza el corazón Mata el pasado y sonríe. Pero si no estás, continúa, dijo esto mi madre, al verme llorar por ti .....
Casa/ Museo del Fado.
Completamente consagrado al universo del fado y la guitarra portuguesa, el Museo del Fado abrió sus puertas en septiembre de 1998 y rápidamente se convirtió en un referente cultural de importancia en la ciudad.
El complejo integra diferentes actividades, siendo evidentemente la dedicada a museo la más importante. Las colecciones con que cuenta alcanzan las catorce mil piezas, y consisten en instrumentos musicales, fotografías, discos, partituras, afiches publicitarios, periódicos, vestuario y complementos de actuación, y objetos diversos que de una forma u otra tuvieron relación con el fado.
Las exposiciones permanentes intentan introducir al visitante en la historia del fado y los ambientes en que fue protagonista: de las grandes avenidas a estrechas callejuelas, en tabernas o salones aristocráticos, en teatro de revista, radio, cine, televisión y porsupuesto, las famosas casas de fado. Completan la muestra una importante colección de guitarras portuguesas y violas de fado pertenecientes a grandes maestros y fabricantes.
El Museo del Fado cuenta además con una escuela, un centro de documentación, un auditorio, tienda y un restaurante-cafetería con espectáculo de fado los fines de semana. La escuela se encarga de dictar cursos para la preservación y divulgación de la tradición musical, así como de la promoción de jóvenes intérpretes.
Dirección: Largo do Chafariz de Dentro,1 ( Alfama- Lisboa )
Cacilheiros
La suerte quiso que en el duro suelo calcáreo, O Tejo abriese un estuario ancho y majestuoso, dice Miguel Torga. Donde el olor a maresia y los sonidos de los trasbordadores - cacilheiros - acompañan un cielo azul lleno de luz, para iluminar de blanco, amarillo, rosa o malva las poblaciones de la Outra Banda, mientras los cais y las docas - muelles - de Alfândega, de Sodré, de Alcântara, de Belem - se llenan de heterogéneos grupos de personas. Aquellos que tienen la prisa de quien desea todavía conseguir la plaza en un cacilheiro – transbordador - que ya anuncia su partida para Almada, Cacilha, Seixal, Montijo Brandão o Trafaria, o la placidez del que contempla la pesca de caña, el cabecear de un barco o el revoloteo de las gaviotas.
Ir a LIsboa y no atravesar el Tajo, que aqui es casi un mar, en uno de estos catamarenes, que unen la vieja Ciudad con la Outra Banda ( la otra orilla ) es no descubrir toda la belleza que la Ciudad encierra. Por algo dicen los alfacinhas, que es asi como se llaman los nacidos en Lisboa, que existe un eterno amor entre Lisboa y O Tejo ( El Tajo ) Ambos pierden sentido, si no se encontraran en este punto, donde el Tajo se hace mar.
Ir a LIsboa y no atravesar el Tajo, que aqui es casi un mar, en uno de estos catamarenes, que unen la vieja Ciudad con la Outra Banda ( la otra orilla ) es no descubrir toda la belleza que la Ciudad encierra. Por algo dicen los alfacinhas, que es asi como se llaman los nacidos en Lisboa, que existe un eterno amor entre Lisboa y O Tejo ( El Tajo ) Ambos pierden sentido, si no se encontraran en este punto, donde el Tajo se hace mar.
Feira da Ladra.
Cuentan que A Feira da Ladra se llama así ( "mercado de la ladrona" ) porque antiguamente era el lugar donde se comerciaba con objetos robados y bullía el mercado negro. Desde este oscuro origen, hoy Feira da Ladra es el mercadillo más conocido de Lisboa.
Afincado en el Campo de Santa Clara, detrás de la Iglesia de São Vicente de Fora, en la castiza Alfama, abre todos los martes y sábado desde el amanecer hasta el anochecer. Se extiende en una abigarrada sucesión de puestos donde podemos ver móviles, antigüedades, libros, ropa de ocasión, cuadros, artículos de artesanía, música...
Es un mercadillo donde todavía se puede regatear el precio en muchos puestos, y donde muchos particulares sin necesidad de licencia venden directamente las cosas que ya no usan.
Afincado en el Campo de Santa Clara, detrás de la Iglesia de São Vicente de Fora, en la castiza Alfama, abre todos los martes y sábado desde el amanecer hasta el anochecer. Se extiende en una abigarrada sucesión de puestos donde podemos ver móviles, antigüedades, libros, ropa de ocasión, cuadros, artículos de artesanía, música...
Es un mercadillo donde todavía se puede regatear el precio en muchos puestos, y donde muchos particulares sin necesidad de licencia venden directamente las cosas que ya no usan.
Gaivota...Gaviota
Si una gaviota viniera a traerme el cielo de Lisboa, en el dibujo que hiciera, en ese cielo donde la mirada es una ala que no vuela, enmudece y se cae en el mar. Que perfecto corazón en mi pecho latiría, mi amor en tu mano, en esa mano donde cabía perfecto, mi corazón. Si un portugués marinero, de los siete mares andarin, fuera quien sabe el primero en contarme lo que vio, si una mirada de nuevo brillo en mi mirada se enlazara. Que perfecto corazón en mi pecho latiría, mi amor en tu mano, en esa mano donde cabía perfecto mi corazón. Si al decir adiós a la vida, las aves todas del cielo, me dieran en la despedida, tu mirada final, esa mirada que era sólo tuya, amor que fuiste el primero. Que perfecto corazón en mi pecho moriría, mi amor en tu mano, en esa mano donde perfecto latió mi corazón.
Fernando Pessoa.
Pocos autores sintetizan el alma de una ciudad como Fernando Pessoa lo hace con su Lisboa. Por más que escribiera aquello de que "el poeta es un fingidor", el cariño que le inspiraron las calles que le vieron nacer era tan sincero que ha acabado por convertirle en un fenómeno turístico en algunas de ellas. De sus paseos por la capital portuguesa aún hablan sus paisanos, muchos de sus lugares favoritos aún se ofrecen al lector viajero.
El paseo por la Lisboa del autor de 'El libro del desasosiego' comienza en el barrio de O Chiado. Ya casi totalmente reconstruido tras haber sido pasto de las llamas del devastador incendio sufrido en 1988. El poeta aún aguarda al visitante sentado en la terraza de A Brasileira (Rúa donde do Almeida Garret, 120), donde una estatua en bronce reproduce su triste figura. Junto a ella, una silla vacía, invita al lector a tomar asiento y fotografiarse junto a Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Alvaro de Campos y el resto de los heterónimos que Pessoa alumbró. Todos ellos habitaron en la casa del escritor (Rúa Coelho da Rocha, 16). Entre sus paredes, además de la correspondiente biblioteca y un importante archivo, el visitante encontrará algunos de los objetos personales de ese empleado comercial que fue Pessoa en vida. Destaca entre todos ellos la carta astral del escritor.

Una vida ligada a su ciudad, Lisboa:
“Una de mis preocupaciones constantes es el comprender cómo es que otra gente existe, cómo es que hay almas que no son la mía, conciencias extrañas a mi conciencia, que, por ser conciencia, me parece ser la única”.
En este extracto de El libro del desasosiego, escrito por Pessoa a partir de 1912 y compuesto por aforismos, divagaciones y fragmentos de su diario, confiesa su inquietud por la existencia humana y por la multiplicidad de las personas, tal y como él mismo llevó hasta sus últimas consecuencias adoptando nombres y almas distintas para plasmar su poesía.
Esas almas de las que habla son las de su ciudad, Lisboa, y de sus gentes, los lisboetas. Pessoa salía diariamente a pasear por las calles de la ciudad, y sus huellas se encuentran esparcidas por todos sus rincones.
Se abrigó en la calidez de los cafés y de sus entretenidas tertulias, frecuentó los restaurantes populares, bajó y subió sin descanso las cuestas de la capital, como intentando huir de su encerramiento personal, bañado en alcohol y en ensoñaciones.
Pero, sin duda, de todas las zonas de la capital es La Baixa, el barrio que se abre hacia el río, la predilecta del poeta. Era uno de sus tantos escondites, donde olvidaba el nihilismo de su vida. Pessoa escribió: “Pero no siempre quiero ser feliz/ es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural”.
El paseo por la Lisboa del autor de 'El libro del desasosiego' comienza en el barrio de O Chiado. Ya casi totalmente reconstruido tras haber sido pasto de las llamas del devastador incendio sufrido en 1988. El poeta aún aguarda al visitante sentado en la terraza de A Brasileira (Rúa donde do Almeida Garret, 120), donde una estatua en bronce reproduce su triste figura. Junto a ella, una silla vacía, invita al lector a tomar asiento y fotografiarse junto a Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Alvaro de Campos y el resto de los heterónimos que Pessoa alumbró. Todos ellos habitaron en la casa del escritor (Rúa Coelho da Rocha, 16). Entre sus paredes, además de la correspondiente biblioteca y un importante archivo, el visitante encontrará algunos de los objetos personales de ese empleado comercial que fue Pessoa en vida. Destaca entre todos ellos la carta astral del escritor.

Una vida ligada a su ciudad, Lisboa:
“Una de mis preocupaciones constantes es el comprender cómo es que otra gente existe, cómo es que hay almas que no son la mía, conciencias extrañas a mi conciencia, que, por ser conciencia, me parece ser la única”.
En este extracto de El libro del desasosiego, escrito por Pessoa a partir de 1912 y compuesto por aforismos, divagaciones y fragmentos de su diario, confiesa su inquietud por la existencia humana y por la multiplicidad de las personas, tal y como él mismo llevó hasta sus últimas consecuencias adoptando nombres y almas distintas para plasmar su poesía.
Esas almas de las que habla son las de su ciudad, Lisboa, y de sus gentes, los lisboetas. Pessoa salía diariamente a pasear por las calles de la ciudad, y sus huellas se encuentran esparcidas por todos sus rincones.
Se abrigó en la calidez de los cafés y de sus entretenidas tertulias, frecuentó los restaurantes populares, bajó y subió sin descanso las cuestas de la capital, como intentando huir de su encerramiento personal, bañado en alcohol y en ensoñaciones.
Pero, sin duda, de todas las zonas de la capital es La Baixa, el barrio que se abre hacia el río, la predilecta del poeta. Era uno de sus tantos escondites, donde olvidaba el nihilismo de su vida. Pessoa escribió: “Pero no siempre quiero ser feliz/ es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural”.
Duas luas ( dos lunas)
Eu vivo com duas luas / Delas me fiz companhia / Andam cruzadas as duas / E nenhuma me alumia / Atrás da minha
janela / Nos lençóis onde me deito / Há uma lua que vela / Escondida no meu peito / A outra dizem que é tua / Nasceu
no teu coração / É por isso que esta lua / Só brilha na tua mão / Até quando te insinuas / Quando me chamas baixinho
/ Eu vivo com duas luas / Cruzadas no meu caminho.
Yo vivo con dos lunas / De ellas me hice compañía / Andan cruzadas las dos / Y ninguna me ilumina / Atrás de mi ventana / En las sábanas donde me acuesto / Hay una luna que vela / Escondida en mi pecho / A otra dicen que es tuya / Nació en tu corazón / Por eso es por lo que esta luna / Sólo brilla en tu mano / Hasta cuando te insinúas / Cuando me llamas en voz baja / Yo vivo con dos lunas / Cruzadas en mi camino.
janela / Nos lençóis onde me deito / Há uma lua que vela / Escondida no meu peito / A outra dizem que é tua / Nasceu
no teu coração / É por isso que esta lua / Só brilha na tua mão / Até quando te insinuas / Quando me chamas baixinho
/ Eu vivo com duas luas / Cruzadas no meu caminho.
Yo vivo con dos lunas / De ellas me hice compañía / Andan cruzadas las dos / Y ninguna me ilumina / Atrás de mi ventana / En las sábanas donde me acuesto / Hay una luna que vela / Escondida en mi pecho / A otra dicen que es tuya / Nació en tu corazón / Por eso es por lo que esta luna / Sólo brilla en tu mano / Hasta cuando te insinúas / Cuando me llamas en voz baja / Yo vivo con dos lunas / Cruzadas en mi camino.
o 28.
Creo que cada ciudad tiene un símbolo único que la identifica; de París es sin duda la Torre Eiffel; del Londres, el Big Ben; de Roma, el Coliseo. ¿Pero de Lisboa cuál?, ¿quizá el Tajo con sus nostalgias de siglos atrás?, ¿La torre de Belem?, ¿Los Jerónimos?, ¿La plaza del Rossío?, ¿La Catedral?, ¿Baixa-Chiado?, ¿El mirador de la Puerta del Sol?, ¿o la increíble Alfama de callejas empedradas y sueños inconclusos?. Pues no, según mi opinión, a Lisboa no la representa un lugar o un monumento, muchos la conforman pero ninguno la representa ni la puede entender como el Eléctrico 28 que desde hace más de un siglo la recorre de colina a colina por sus estrechas calles con ropa tendida y flores en los balcones, con sus siete colinas y sus muchas Lisboas en una misma Lisboa infinita, mujer enamorada y a la vez traicionada por un mar que lo que le da se lo quita.
Para entender el espíritu de Lisboa, para encontrar la razón íntima de su nostalgia uno tiene que entregar su tiempo, sin prisas, a recorrerla en el eléctrico 28. A subir y bajarse cuantas veces haga falta a ese traqueteo de curvas sobre el río, de colinas que tan pronto ascienden al infinito como caen en picado. "Poemas del aire vendrán hasta aquí, lejos de Lisboa y lejos de ti, tristeza sin fin, lejos de Lisboa y lejos de ti…" De principio a fin te llevará alrededor de una hora y descubrirás en el traqueteo de ese tranvía las mil caras de una ciudad que te sorprenderá.
Para mí lo esencial de Lisboa es sin duda la Alfama, pero Lisboa es mucho más que esas calles donde nació el fado, la única canción capaz de recoger en poesía la esencia de esa saudade, nostalgia, morriña, o como quieras llamarlo, que siempre nos embriaga al pisar sus calles.
Pero Lisboa es la ciudad de las mil caras, todas ellas bellísimas, de la Alfama a Baixo-Chiado, desde el Bairro Alto hasta Belem, de Mouraira a Estrela, de Rossío a Graça. Tantas ciudades en una, tantas formas de ver la vida, tan distintas todas ellas, y el Eléctrico 28 uniéndolas en su camino de sueños y nostalgias.
Si uno cierra los ojos y evoca el recuerdo de la ciudad vieja de Lisboa irremediablamente verá la figura del eléctrico subiendo y/o bajando las pendientes. Un universo de piedra y nostalgias en la que la figura del tranvía amarillo, el mismo color del sol que siempre ilumina Lisboa y la hace resplandecer, ilumina también las calles de esa Lisboa enamorada de un mar que al final siempre la deja sola.
El tranvía es un símbolo de Lisboa sin lugar a dudas pero si hay un tranvía sencillamente imprescindible en Lisboa sin lugar a dudas es el número 28 que tiene un recorrido de por lo menos 8 kilómetros. El eléctrico 28 es prácticamente patrimonio del viajero que se asoma a los balcones de una Lisboa por descubrir, dejándose mecer por el traqueteo del vagón entre las estrechas y empinadas calles, parándose a disfrutar de un pastel en cualquier rincón o dispuesto a que el sol, siempre amable, le acaricie la cara.
Os aconsejo que subáis y bajéis del eléctrico 28 las veces que haga falta, que os toméis vuestro tiempo, bajéis a hacer esa foto que os parece bonita al pasar desde el tranvía, que llevéis vuestro cuaderno de viaje para apuntar todas las sensaciones que os lleguen de pronto y que luego conformarán vuestros recuerdos… y sobre todo que viváis, que sintáis Lisboa como parte de vosotros.
Alfama

Mi barrio preferido de Lisboa. Cuantas tardes vi al sol esconderse y cuantas madrugadas espere que volviera a surgir, desde o miradoiro de Santa Lucia. Y es que Alfama es para mi el puerto al que siempre me gustaria arribar.
Alfama es un barrio lisboeta cuyo nombre deriva de al-hamma (que significa baños o fuentes). Este barrio de origen árabe constituía el núcleo de la ciudad en la época arabe. Este barrio en el que antiguamente convivieron musulmanes, cristianos y judios, sobrevivió al terremoto de 1755.
Después de la Reconquista el barrio se convirtio en la morada de los pescadores. Hoy es una zona de gente trabajadora, donde predominan las casa pequeñas con macetas en la puerta y ropa tendida en las ventanas. Caminando por la parte baja de la Alfama nos llega el olor a sardinas asadas y podemos contemplar el interior de algunos locales de fados que se preparan para la diversión nocturna.
Mirador de Santa Lucía, en Lisboa. Sobre la colina de Alfama y junto a algunos de los edificios más antiguos de la ciudad permite la vista de la urbe, como del propio Tajo. Arquitectónicamente está compuesto de una baranda de obra, alicatada en estilo local, sobre la que se apoyan en sus puntos exteriores columnas lisas que sirven de sostén para un emparrado.
Tudo Isto É Fado
Me preguntaste otro día si yo sabía lo que era el fado, yo dije que no sabía tú te quedaste admirado. Sin saber lo que decía yo mentí en aquella hora y te dije que no sabía, pero voy decirte ahora. Almas vencidas. Noches perdidas. Sombras bizarras. En la Mouraria canta un rufian, lloran guitarras. Amor. Celos. Cenizas sin lumbre. Dolor y pecado, todo esto existe, todo esto es triste, todo esto es fado. Si quieres ser mi señor y que siempre este a tu lado, no me hables sólo de amor, hablame también del fado. La canción que es mi castigo. Sólo nació para perderme El fado es todo lo que yo digo. Más lo que yo no sé decir.
El Fado y yo.......

El fado y Lisboa siempre van unidos en mis sentimientos. Pensar en Lisboa e imadiatamente un fado, cualquiera de ellos, viene a mi boca, sin llamarlo...El Fado y Lisboa. Esta pagina estara repleta de Lisboa y de Fado.
El fado es la expresión más conocida internacionalmente de la música portuguesa. En el fado se expresan los malos momentos de la vida a través del canto. Generalmente es cantado por una sola persona, acompañado por la viola, nombre con el que se conoce a la guitarra española, y guitarra portuguesa. Los temas más cantados en el fado son la melancolía, la nostalgia o pequeñas historias del diario vivir de los barrios humildes; pero especialmente la frustración y fatalismo.
Una de las mejores definiciones de fado nos la ofrece la propia Amália Rodrígues (1920-1999), considerada la mejor exponente de este género musical, en su canción Todo esto es fado: "Amor, celos,/ceniza y fuego,/dolor y pecado./Todo esto existe./Todo esto es triste./Todo esto es fado".
Suele mencionarse que la palabra fado viene del latín fas, fatum, sinónimo de "destino". De origen oscuro, surgió probablemente en la primera mitad del siglo XIX. Se acepta que en sus principios se hallaría una cierta variedad de canciones de salón brasileñas llamadas modinhas. Dado su origen como espectáculo tabernario son habituales los paralelismos con otros estilos relevantes en la misma época (tango, rebetiko y flamenco).
viernes, 22 de febrero de 2008
Las calles de Lisboa.
Amo estas plazuelas solitarias, intercaladas entre calles de poco tránsito, y sin más tránsito, ellas mismas, que las calles. Son claros inútiles, cosas que esperan, entre tumultos distantes. Son de aldea en la ciudad. Paso por ellas, subo a cualquiera de las calles que afluyen a ellas, después bajo de nuevo esa calle, para regresar a ellas. Vista desde el otro lado es diferente, pero la misma paz deja dorarse de añoranza súbita -sol en el ocaso- el lado que no había visto a la ida...
En la niebla leve de la mañana de media-primavera, A Baxa despierta entorpecida y el sol nace como con lentitud. Hay una alegría sosegada en el aire con mitad de frío, y la vida, al soplo de la brisa que no hay, tirita vagamente por el frío que ya ha pasado, por el recuerdo del frío más que por el frío, por la comparación con el verano próximo, más que por el tiempo que está haciendo. No han abierto todavía las tiendas, salvo las lecherías y los cafés, pero el reposo no es de torpor, como el del domingo; es tan sólo de reposo. Un rastro rubio se antecede en el aire que se revela, y el azul se colorea pálidamente a través de la bruma que se extingue. El movimiento comienza poco a poco por las calles, destaca la separación de los peatones, y en las pocas ventanas abiertas, madrugan también apariciones. Los tranvías trazan a medio-aire su surco móvil amarillo y numerado. Y, de minuto en minuto, sensiblemente, las calles se desdesiertan.
Son las calles antiguas con otra gente, hoy las mismas calles diferentes; son personas muertas que me están hablando, a través de la transparencia de la falta de ellas hoy; son remordimientos de lo que hice o no hice, ruidos de regatos de noche, ruidos allá abajo, en la casa quieta...
Fernando Pessoa.(Lisboa, 13 de junio de 1888 — Lisboa, 30 de noviembre de 1935)
En la niebla leve de la mañana de media-primavera, A Baxa despierta entorpecida y el sol nace como con lentitud. Hay una alegría sosegada en el aire con mitad de frío, y la vida, al soplo de la brisa que no hay, tirita vagamente por el frío que ya ha pasado, por el recuerdo del frío más que por el frío, por la comparación con el verano próximo, más que por el tiempo que está haciendo. No han abierto todavía las tiendas, salvo las lecherías y los cafés, pero el reposo no es de torpor, como el del domingo; es tan sólo de reposo. Un rastro rubio se antecede en el aire que se revela, y el azul se colorea pálidamente a través de la bruma que se extingue. El movimiento comienza poco a poco por las calles, destaca la separación de los peatones, y en las pocas ventanas abiertas, madrugan también apariciones. Los tranvías trazan a medio-aire su surco móvil amarillo y numerado. Y, de minuto en minuto, sensiblemente, las calles se desdesiertan.
Son las calles antiguas con otra gente, hoy las mismas calles diferentes; son personas muertas que me están hablando, a través de la transparencia de la falta de ellas hoy; son remordimientos de lo que hice o no hice, ruidos de regatos de noche, ruidos allá abajo, en la casa quieta...
Fernando Pessoa.(Lisboa, 13 de junio de 1888 — Lisboa, 30 de noviembre de 1935)

Este rincón nace de la nostalgia. A saudade como dicen los portugueses. Por que Lisboa?
Como dice la cación de Pasión Vega, hoy estoy lejos de Lisboa y lejos de ti........
LA MELANCOLIA DE CALLES ANTIGUAS QUE HUELEN A MARES.... GENTE QUE CAMINA Y LUCES DE LUNA DE BARCOS QUE PARTEN... SI CIERRO LOS OJOS PUEDO VER LAS CALLES POR DONDE ANDUVIMOS. Y ESCUCHAR CANCIONES QUE HABLAN DE UN DESTINO QUE NUNCA TUVIMOS. POEMAS DEL AIRE VENDRAN HASTA AQUI LEJOS DE LISBOA Y LEJOS DE TI. AMOR RECORDADO TRISTEZA SIN FIN LEJOS DE LISBOA Y LEJOS DE TI. LA ROPA TENDIDA AL SOL DE LA TARDE BANDERAS DE NADIE. LAS CALLES EN CUESTA QUE SUBEN A UN CIELO DE AZULES QUE ARDEN. PLAZAS CON PALOMAS PUESTOS DE CLAVELES Y DE ROSAS BLANCAS LA CIUDAD ANTIGUA GUARDA LA MEMORIA DE UN TIEMPO QUE ESCAPA. POEMAS DEL AIRE VENDRAN HASTA AQUI LEJOS DE LISBOA Y LEJOS DE TI AMOR RECORDADO TRISTEZA SIN FIN LEJOS DE LISBOA Y LEJOS DE TI...
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